Bien
3.0Nota Final
Historia
Guión
Actuación
Efectos Especiales
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El día de la unión me hizo volver a tener la esperanza en cine mexicano, la película es una muestra de la riqueza de historias que se pueden contar de México, es un ejemplo de las capacidades técnicas para crear efectos especiales y tomar buena fotografía y del crecimiento para escribir y desarrollar documentales. No significa que El día de la unión sea excelente película, solo digo que es un ejemplo de lo que podemos contar como mexicanos.

Podemos considerar que El día de la unión es un drama, es acción, es documental, es suspenso, es una mezcla de sentimientos en la que se narran dos historias unidas por la desesperación. Por una parte tenemos a Max, interpretado por Kuno Becker, un padre de familia separado que al ir por su hijo para llevarlo a la escuela decide hacer una escala en su trabajo donde el sismo lo sorprende y lo separa de su hijo. La otra historia es Javier, interpretado por Armando Hernández, es un taxista, un ingeniero viudo que encontró en el volante una forma de vida sin saber que su última clienta le daría el oxígeno necesario para cambiar su vida y recuperar al hijo que perdió. Ambos se encontrarán y entrarán al edificio para rescatar a Diego, hijo de Max y así verán sus vidas con una perspectiva diferente.

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En verdad que es un buen respiro porque la propuesta es diferente e interesante, porque los efectos especiales están bien logrados y las actuaciones cumplen, porque la historia tiene un sustento, cada personaje tiene motivos definidos y hay cohesión entre ellos. Cómo se dice coloquialmente: hay química. Lamentablemente los villanos son caricaturizados, realmente no conocemos las causas que mueven al empresario que trata de incendiar el Hotel Regiz, en donde están las oficinas de Notimex en donde una reportera supuestamente guarda pruebas de algo muy malo que hizo.

En la historia está la mujer soltera, la periodista censurada, el profe sionista desempleado, el auto descompuesto, el empresario corrupto y la autoridad dispuesta a corromperse, el trabajador deshonesto y el joven aventado, la inocencia corrompida y los anhelos rescatados.

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Las imágenes de Televisa y el cameo de Jacobo Zabludovsky están para aplaudirse. Las tomas aéreas estremecedoras al igual que las escenas de acción del sismo que sacudió a la Ciudad de México en 1986.

Aunque hay detalles que admirar, lo malo radica en que Kuno Becker lo hizo todo y se nota. Él dirigió, el produjo y el actuó, pero también supervisó y eso contaminó que la historia tuviera filtros de calidad. La narrativa al final de la película se diluye, el ritmo se pierde, hay escenas forzadas, con una edición torpe y diálogos sobrados. De pronto, algunos personajes hicieron monólogos que se sienten poco orgánicos y en tomas largas e incómodas. En los monólogos forzados se perdieron al menos 3 momentos para que el público no se sienta regañado y se hubiera podido sentir más inspirado.

La película me gustó y si la puedo volver a ver en la pantalla grande. La trama es predecible pero el arte y el diseño atraparán bien al público mexicano, que ahora recuerda uno o dos sismos y que se puede ver identificado en alguno de los personajes que al menos por un día fueron iguales.

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