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La sorpresa para la policía fue encontrar la cabeza de Dalia Isabel en el refrigerador de su amigo Carlos Javier. Ella era buscada desde el 26 de enero en la ciudad de Mexicali. El torso y piernas de su cuerpo desmembrado fue encontrado en 19 de febrero en una casa abandonada. La policía logró identificar dos perfiles genéticos y así encontraron las primeras pistas para arrestar a Carlos en su departamento.

Carlos conducía un auto con placas sobrepuestas cuando fue detenido por la policía. Alcanzaron a percibir el olor fétido en la cajuela y fue procesado por portar una pequeña dosis de droga. Estuvo poco en la cárcel pero fue reaprehendido en su departamento en donde la procuraduría encontró ropa y las identificaciones de Delia Isabel Verdugo de 32 años.

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Carlos enfrentará cargos por robo de vehículo y por homicidio. El delito fue tipificado como feminicidio mientras que la policía sigue buscando los brazos de la víctima.

¿Urge la alerta de género por feminicidios?

Tal vez se requiera, no es necesario tener uno, diez o mil casos de ataques contra mujeres, siempre y cuando se haya detectado una constante o circunstancias que acompañen a la Alerta. La solicitud debe estar cargada de una causa social y no política, pues las autoridades siempre le tendrán miedo a las alertas que los cataloguen como una entidad o ciudad peligrosa.

Creo que se debe escuchar a Carlos, que se defienda, que explique, que detalle si hay personas que compartan sus motivos, comprender las razones por las que actuó contra Dalia y así aprender cómo evitar otro caso similar en casa, cómo prevenirlo en las calles y contemplarlo en las leyes.

En lo que va del 2018 se han registrado más de 290 homicidios y 102 en febrero del total se podrían tipificar 10 a 15 como feminicidios en Baja California. El principal problema es que la ley es ambigua y no quedan claras las condiciones en las que aplica hacer la distinción de género.

Consideremos que las condiciones económicas son complicadas, los salarios no son los óptimos y las oportunidades son menos. Por ende, las mujeres han abarcado más las áreas laborales, incluyendo las que ofrece el narcotráfico. De ahí se podría explicar que aumente la cantidad de mujeres asesinadas.

Lo que no se debe permitir es que las autoridades “revictimicen” a las víctimas, que cuestionen sus amistades y justificar las muertes. Que nos quede claro que los delincuentes deben estar en la cárcel, no en los panteones. Que los gobernantes o representantes los elegimos para administrar y no como consejeros de vida.

La muerte de Delia debe inspirar a las agrupaciones de mujeres a tomar el tema y no soltarlo, proponer soluciones serias e investigaciones sobre causas y no sólo cifras, y sensibilizar a la sociedad que aún no dimensionan el problema. A todos nos debe dejar el fomento al respeto y a proponer estrategias para que no se repita, porque entre más homicidios hay por odio, contra hombres o mujeres, es como un recuerdo de que seguimos sin aprender, sin actuar.

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